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¡Hemos vencido!

Si realizas una búsqueda por la Internet sobre fotografías de las llegadas de diferentes atletas a la meta de un maratón, te darás cuenta de que en muchas ocasiones los corredores caen al suelo, ya sea porque están exhaustos, porque no pueden creer que han logrado completar el evento o por la sensación indescriptible que se debe sentir al correr 26. 2 millas. Esta escena tan común y excitante se remonta a la Antigua Grecia y al origen de esta distancia que yo completaré el próximo 8 de octubre.

Esta es una de las fotografías más significativas de una llegada: Rebekah Gregory que colapsó de emoción en la meta del maratón de Boston, después de haber perdido una pierna en el mismo evento como consecuencia del ataque terrorista en la carrera en abril de 2013.


Luego de escribir la columna sobre la comunidad de indígenas Tarahumara, mientras entrenaba, pensaba en ellos y en cómo pueden correr tanto. Una idea me llevó a otra, hasta que me cuestioné de dónde había surgido esa carrera de 42 y un poco más de kilómetros, que me tiene loca. Sabía que había iniciado en Grecia y que era parte de los Juegos Olímpicos desde finales del siglo diecinueve. Sin embargo, la historia detrás del surgimiento envuelve ese misticismo heroico característico de las historias griegas.


Si se hubiese tomado una foto del primer maratonista, en Atenas, aproximadamente para el año 490 a.c., definitivamente que pudiera confundirse con cualquier imagen a las que aludo al inicio de esta columna. Filípides, corrió 40 kilómetros desde Maratón (nombre de la ciudad) hasta llegar a Atenas, para anunciar que los griegos habían ganado la Batalla de Maratón contra los persas. Luego, cayó al suelo, sin embargo, la razón de la caída fue distinta: el hombre falleció. Algunos historiadores apuntan que la causa de la muerte pudo haber sido un ataque al corazón; otros que corrió la extensa distancia herido por la batalla. No obstante, hay quien señala que Filípides ya había recorrido la ruta en varias ocasiones, así que para él no era nada nuevo.

Estatua de Filípides en Maratón, Atenas, Grecia.


En honor a la hazaña de este hombre de guerra, en los Juegos Olímpicos de 1896, se corrió el primer maratón en la era moderna del atletismo. En esta carrera se recreó la ruta de 42 kilómetros (26 millas) desde Maratón hasta Atenas.


Pero… ¿Y no son 26. 2 millas o 42.195 kms? Sí. Y es importante destacarlo porque sin el .2 millas, la meta no se finaliza. Esa agonía extra, ese esfuerzo mental, esa “ñapa” como decimos los puertorriqueños, se la debemos a un capricho de la nobleza inglesa. Aunque sobre el surgimiento del alargamiento de la ya extensa distancia hay también varias versiones, el sitio de Internet Runfitners narra que en los Juegos Olímpicos de 1904, la Reina de Inglaterra no quería moverse de su balcón (o mojarse con la lluvia), así que el Comité Olímpico, en beneficio de Su Majestad, decidió modificar la carrera para que ella pudiera verla cómodamente. Años más tarde, la Asociación Internacional de Federaciones Atléticas (IAAF, por sus siglas en inglés) oficializó la distancia.


El escritor y corredor japonés Haruki Murakami (uno de mis autores favoritos) en su libro "De qué habló cuando habló de correr", cuenta cómo fue su experiencia al recorrer al revés, y sin compañía, la ruta que Filípides había recorrido y de la que ya sabemos el resultado. Y así como Murakami, un sinnúmero de atletas elites y aficionados cada año llegan a hasta Atenas para honrar a través de sus millas la gesta del soldado griego, que cuenta el mito que antes de morir gritó: ¡Hemos vencido!


La llegada a la meta de cualquier carrera, sin importar la distancia (5, 10, 20 o 42 kilómetros) implica una batalla como la de los griegos contra los persas. Hay que tener un espíritu guerrero. Detrás de cada soldado están las historias de cada guerra; así como detrás de cada foto el momento de la victoria, pero lo que se vivió para llegar a ella solo lo expresa el grito final. Al finalizar mi primer maratón, sé que no culminaré como Filípides, pero ya tengo el cosquilleo por saber cómo será mi llegada, cómo será mi foto y cuál será mi grito de victoria que simbolizará lo que habré vencido.

La keniana Hyvon Ngetich, prácticamente se arrastró para 1,312 pies para culminar el maratón de Austin, Texas, Estados Unidos.


*Las imágenes contienen su enlace de donde se obtuvieron las mismas.

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