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¿Qué tal sería salir corriendo con las sandalias que tienes puestas  y con el traje que llevas, sin más, sin pensar en nada más porque sabes que vas un encuentro de tú a tú con la naturaleza?

 

En esta vida tan ajetreada, en la que no nos detenemos para observar lo grandioso del paisaje y en la que el ejercicio es más una obligación que un estilo de vida o una excelente actividad para liberarnos de las tensiones diarias, la situación anterior es prácticamente imposible. Sin embargo, para una comunidad de indígenas de la Sierra Madre Occidental Mexicana, correr entre la naturaleza en la que habitan, con sandalias y amplias faldas es una forma de vida.

 

Los Rarámuri o Tarahumara son una población de indígenas que se caracteriza por recorrer largas distancias. Prácticamente todo lo hacen corriendo. Su nombre significa “pies ligeros”. A diferencia de nosotros que necesitamos una cantidad de accesorios (tenis especiales, medias para evitar las burbujas de agua en los pies, reloj con gps; cartera en la cintura para guardar dinero, las llaves, la tarjeta del plan médico, una identificación y el celular; ropa que permita que la piel respire; gafas deportivas, etcétera, etcétera, etcétera) los hombres visten una camiseta amplia y taparrabos; y las mujeres, amplias y coloridas blusas y faldas, que son parte de su vestimenta típica. 

 

Mientras nosotros lidiamos con el calor que emite la brea, con conductores que no consideran a los corredores con pistas que a veces no tienen la goma en buenas condiciones y con la humedad del trópico, los rarámuris se enfrentan a la Sierra Madre Occidental compuesta de una geografía accidentada, peligrosas barrancas, una vegetación salvaje y temperaturas drásticas que en las noches pueden congelar a cualquiera.

 Mujeres Rarámuri en una carrera.

 

El contacto de estas comunidades con lo que nosotros llamamos “civilización” es mínimo. Suelen ser tímidos y preservan sus tradiciones. Muchos de ellos no hablan español. La base de su dieta es el maíz y a diferencia de nosotros que tomamos gels y suplementos diseñados para mantenernos en óptimas condiciones, ellos se energizan con un tipo de smoothie de chía, miel y limón.

 

¿Por qué corren? Si comparamos las condiciones en las que corremos con las de los tarahumara, definitivamente pensaremos que están locos. No obstante, si los miramos como un grupo que lleva siglos haciéndolo, la percepción es distinta. Esta tranquila gente, que vive en familia, que practica la agricultura y preservan sus creencias espirituales, ha corrido desde siempre. Nosotros vamos en el carro, en el tren, en la motora; ellos corren. En el portal de internet Hipertextual.com, en un excelente artículo sobre estos atletas innatos se explica cómo esta etnia ha corrido por los caminos de la peligrosa Sierra desde tiempos tan lejanos como la época de la conquista española. Aunque algunos de ellos han realizado maratones y ultramaratones en Estados Unidos y Europa, no llevan un plan de entrenamiento riguroso ni supervisado por un entrenador certificado. Simple: ya es parte de su ADN.

 

¿Qué podemos aprender de los hombres y mujeres de pies ligeros? Esta población lucha constantemente contra la “civilización”, contra los narcotraficantes que se han adueñado de regiones en la Sierra por lo lejano y el difícil acceso; y los utilizan como mulas. Además, carecen de recursos para cubrir necesidades básicas. Sin embargo, han sido fuertes y han mantenido sus tradiciones, practican la bondad: cuando ganan un premio en alguna carrera, lo reparten entre la comunidad porque todo es de todo. A pesar de sus situaciones, no se cuestionan la libertad de correr; no es una responsabilidad o imposición; es algo innato, natural; es un ejercicio de libertad. Y creo que esa es la clave.

 The feet of a Tarahumara girl in Guachochi, in northern Mexico.

 

Credit: 

Jose Luis Gonzalez/Reuters

 

*Las imágenes contienen sus respectivos enlaces de donde se obtuvieron las mismas.

 

 

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