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Pequeñas acciones. Grandes resultados.


No era mi amigo, ni sobrino, ni vecino inmediato, pero lo conocía. No hablaba con él todos los días para saber de su vida y preocupaciones. Tampoco me gustaba con quienes compartía. Y en ocasiones, sentía un poco de incomodidad con su presencia. Era un rebelde sin causa, como dicen por ahí. Ocasionalmente visitaba el grupo de jóvenes de la iglesia a la que asisto. Y también, formaba revoluces; al punto, de que le pedimos que no volviera más hasta que se comportara. Pero no, no merecía morir. Nadie merece morir a manos de otro.

El pasado domingo amanecimos con la noticia de que este joven de 19 años había sido apuñalado hasta morir. Dicen, porque no lo sé al cien por ciento, que su padrastro a raíz de una discusión lo mató. Mi corazón se estremeció y por un momento me sentí culpable. Por un momento, me dije: ¿por qué no hice algo más para ayudarle? Y no fue que se suicidó, pero esa discusión, pensando yo acá, quizás se pudo haber evitado. ¿Cómo? Involucrando a este joven a más actividades con más amor y menos juntilla de esa que no sabemos. O quizás, también, no hubiésemos podido hacer nada.

La salud mental de nuestro Puerto Rico está enferma, lo sabemos. Pero no es hasta que te toca cerca de ti que no asumes postura. No es hasta que alguien que conoces sufre que te preocupa dónde vives, a qué hora sales, donde te estacionas, cuánto dinero cargas, qué ropa te pones, si le pusiste la alarma al carro, a quién le pides ayuda o en quién confías. Tantas cosas en las que pensar que si es así, no salimos de nuestro hogar. Ahora bien, ¿qué dentro de nuestro núcleo podemos hacer?

Pensemos desde nuestra realidad, desde nuestra humanidad egocéntrica. Piensa en lo que realmente harías dejando las etiquetas, el juicio. Que fácil es tomar posturas desde nuestro lado sin ver las realidades que son diferentes a lo que muchos viven día a día. Que fácil es, ¿cierto? Pero si te preocupa tu seguridad, tu futuro y el de los tuyos debes tomar alguna acción. Y esa acción, por mínima que parezca, será de bienestar para nuestra sociedad. Créelo. Desde ser respetuosos y corteses con el prójimo, hasta involucrarnos en alguna organización que ayude a niños, jóvenes y familias con necesidades. No te vayas lejos, seguramente, tu vecino, tu compañero o compañera de trabajo, una amiga y hasta la familia que se sienta al lado en la iglesia, de seguro tiene alguna necesidad en la que tú puedes contribuir. Y si por alguna razón no puedes ayudar de esa manera, reflexionando en tus comentarios racistas, xenofóbicos, machistas o elitistas y dejándolos para ti puedes contribuir a una sociedad más humana y feliz. ¡Vamos! Que como dicen por ahí: los buenos somos más. Vayamos a la acción con palabras y abrazos de solidaridad. Pequeñas acciones revelan grandes resultados.

Queremos una sociedad más proactiva, más humana, en paz y armonía, entonces, busquémosla. Que cada situación que llegue a tu vida te permita cambiar el mundo. Hoy, dedico mis palabras a ese chico rebelde que le quedaba tanto por hacer, a su madre y familia que muy seguro necesitan más abrazos y menos juicios. Y por último, dedico mi coraje a esos y esas que comenten actos desenfrenados y cobardes; porque en esos pocos recae la putrefacta falta de valores y respeto.

Hoy más que nunca soy una mujer madre, trabajadora, curvy y feminista.


Este escrito fue en colaboración con Roxannie Morales Nazario, maestra de teatro nivel intermedio y educadora en salud.


Hasta la próxima.


#MamitaObrera


Fotos de pexels.com

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