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Ave Fénix


En la última columna que escribí reflexioné sobre las lecciones que nos había dejado el Huracán Irma. Hoy, aquel aprendizaje ha tenido que ser puesto en práctica a la fuerza.


En aquella columna me preguntaba cómo podía pedir calma o que entendieran que los huracanes son cosa de la naturaleza mientras escribía desde la comodidad de mi cuarto, con el acondicionador de aire muy frió y sentada en mi cama. Ahora escribo desde la oscuridad de mi marquesina y la pantalla de mi celular me ilumina el rostro, pues redacto en las notas del teléfono.


Organizando las ideas de esta entrada o 'post', escucho las plantas eléctricas que opacan el canto del coquí. No puedo mentir: esta situación no es fácil. La primera vez que salí a la calle, parecía que había sucedido un gran fuego, producto de una bomba nuclear: la vegetación quemada por los vientos, todo destruido. He llorado por mi país; también lo he hecho por frustración y por coraje. He tenido mucho coraje porque tanto y tanto que hablamos de crisis y ahora sí la estamos viviendo.


Sin embargo, a casi un mes del paso de María, he sobrevivido. Voy aceptando la situación, mas no conformándome. Ya comienzo a ver la vida de forma diferente. La primera gran lección ha sido que he aprendido a vivir con mucho menos de lo que creía necesitar y que las cosas esenciales son realmente muy pocas. Entre esas están la comida, los artículos de primer necesidad, el agua potable, la salud, un techo seguro, ropa, zapatos, los valores, el amor al prójimo y a la tierra en la que uno nació. Lo demás, a lo mejor facilita la situación, pero no es urgente.


También he aprendido mucho sobre el comportamiento de nosotros los humanos en sociedad. En mi proceso de aceptación, he entendido que en nuestra humanidad radica la maldad, la envidia, el odio, y que estas situaciones sacan a flote lo mejor y peor de cada cual. Comprender esto me ha ayudado a asimilar mejor los actos que dolorosamente atrasan la reconstrucción del país. Por otra parte, ha servido para que se caigan las caretas y sepamos de forma cruda quién es quién en Puerto Rico.


Ahora bien, los actos de solidaridad han sido enormes. El puertorriqueño ha demostrado ser ingenioso y fuerte; y el Huracán María nos está demostrando que podemos más de lo que pensamos. Esto último nos debe servir como motor y norte para redefinirnos como sociedad; reformular y determinar de una vez y por todas nuestra situación política, que ante esta catástrofe ha sido la llaga escarbada y sangrante; que sirva María para sacudirnos el miedo de tomar las decisiones drásticas que tengamos que tomar como pueblo. No podemos seguir en este limbo.

Puertorriqueños: aprovechemos el momento para que reconstruyamos a un Puerto Rico, mejor que el de antes, que tenga una mayor conciencia ecológica, social, política, financiera y cultural, y que de las cenizas que han quedado se levante un ave fenix, fuerte y ágil, seguro del vuelo que emprenderá.


*Las imágenes contienen su respectivo link de donde se obtuvieron las mismas.

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