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Escribir para Be Plus Magazine  ha sido un proceso de aprendizaje. Poco a poco he ido estudiando el mundo de la moda Plus, así como las diferentes percepciones que se tienen sobre este. Además, ha despertado en mí muchas inquietudes y, sobre todo, ha provocado que cuestione mis prejuicios y mis ideales. No es lo mismo decir que uno debe sentirse bien con uno mismo, que realmente estar a gusto con lo que refleja el espejo. Entre una cosa y la otra, hay muchas experiencias, dudas y reflexión. El pasado 31 de julio  tuve una pequeña prueba de ello.

El último domingo de julio fue la fiesta de verano de la revista. Después de haberme vestido y maquillado, me arrepentí, dije que no iba. En el evento solo conocía a Marayadira y supuse que estaría muy ocupada. ¿Qué haría yo, sola durante tres horas en lugar donde no conocía a nadie? Pero, algo dentro de mí me impulsó hasta el carro y de repente iba por el expreso hacia el hotel. Me sentía extraña. Era la primera vez que asistiría un evento del mundo Plus.

 

Al llegar, saludé a Mara y fui a la barra. Mis temores se disiparon en tres segundos. Las chicas que estaban allí, todas blogueras, me hicieron sentir a gusto.  Luego, interactué con otras invitadas. Dialogamos sobre nuestros blogs y acerca de las percepciones sobre las mujeres con sobrepeso o que simplemente no encajan en los estándares físicos que han establecido la industria de la moda y los medios de comunicación. Reflexionamos sobre cómo la etiqueta “plus” también marca  y  separa. Sin embargo, coincidimos en que es necesaria para visibilizar que el patrón, el ideal que nos han metido en la cabeza es incorrecto.

En la fiesta había mujeres altas, delgadas, pasadas de libras, obesas, blancas, trigueñas, negras, con cabelleras lacias, onduladas, rizadas. Algunas vestían trajes de baño de una pieza; otras, de dos; unas tenían túnicas veraniegas; o como yo, pantalones cortos. Éramos todas muy diferentes. Ante tanta diversidad, sentí libertad.

No sentí que nadie me juzgaba por no ser tamaño cinco o por no encajar en el estándar. Sin  embargo, pensé en todas la veces que me he sentido incómoda y cómo esa incomodidad llega a convertirse en la norma o en algo tan natural, que se vuelve imperceptible. Es así que nos creamos inseguridades sobre nuestro físico y le damos la razón al que nos ataca con etiquetas que marginan y separan. Como dije en un principio, “Plus” también es una etiqueta, pero en los últimos años ha servido para visibilizar a las mujeres y ha obligado a la industria de la moda a ampliar las opciones, diseñando ropa para todo tipo de mujer. Por ende, los medios de comunicación se han visto obligados a reseñar colecciones, fotografiar modelos de talla 12 y a ir modificando su percepción de la mujer.

 

Ya de regreso a casa, reflexionaba sobre qué mucho falta por hacer. Se necesitan más voces. Faltan voces masculinas; faltan los hombres. Es urgente que sean parte esencial del diálogo sobre las percepciones y los estándares de belleza por los que estamos siendo juzgadas. Debemos escucharlos y educarlos. Hay que abrir el círculo para incluirlos. También, pienso en las cientos de niñas y adolescentes a las que les he dado clase. Puedo contar tantas experiencias de chicas en pleno desarrollo que no quieren comer porque quieren rebajar o no quieren aumentar de peso. A otras, las he visto sufrir por burlas de otras chicas y de los varones.

No fue hasta que estuve en la fiesta que me di cuenta de cuán importante es continuar rompiendo los esquemas. Llegue a la revista por el maratón, pero en el proceso, veo que es más que eso, que sin haberlo corrido ya voy obteniendo ganancias. Además, me siento con la responsabilidad de levantar la voz, educar y de aportar para que se siga dando el cambio, para que un día ya no sea la “plus”, la “skinny”, la “llenita”, la “flacas” si no que seamos mujeres normales, diversas y felices… que seamos más que una etiqueta.

 

* Fotos propiedad totalmente de Be Plus Magazine©. 

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