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Esta es mi primera columna para Be plus. No puedo estar más emocionada. Hola a todas las lectoras. Soy Melissa; para mi familia, Meli; para mis amigos en mi grupo de corredores, Mela; y a partir de hoy, para ustedes: la Inbetweenie. Ese concepto lo aprendí de Mara, en el proceso de discutir mis publicaciones para el blog de la revista. Me enamoré de la palabra.

 

Amo correr. Aunque lo he hecho de forma inconsistente desde hace más de una década, el año pasado, mientras entrenaba para el Lola Challenge Weekend (evento de 3 días y 3 carreras consecutivas por día: 5k, 10k, 21K), decidí que correr ya no sería un pasatiempo, sino que haría los ajustes necesarios para que fuera parte de mi vida. Una semana antes de LCW, decidí entrenar para el maratón de Chicago, que se llevará a cabo el próximo 8 de octubre. Ese compromiso implica disciplina, persistencia y mucho trabajo físico, pero sobre todo, mental. Correr un maratón es un ejercicio de resistencia. Son 26 millas (42 kms) en las que la corredora debe sentir la seguridad de que puede lograrlo.

 

 

¿Qué hace mi entrenamiento particular? Su particularidad es lo mismo que me motiva a querer publicarlo en Be Plus: soy una mujer plus, dentro del mundo curvy, inbetweenie. Y eso para algunos (para más gente de la que yo pensaba) parece incongruente. Cuando digo que practico el fondismo, recibo todo tipo de comentarios: alentadores, de asombro y hasta burlas. “¿Qué tú corres?” “No te creo”, “Ella dice que corre…” son solo algunas de las expresiones que me han dicho luego de la inspección ocular. Todo porque no cumplo con el estándar del vientre plano y el cuerpo delgado.

 

Sabemos que las mujeres, a través de la historia hemos sido discriminadas. Desde el punto de vista físico y estético debemos cumplir con estándares de belleza irreales que están liderados por los medios de comunicación y la industria de la moda, ambos son implacables. Y el mundo del deporte tampoco se escapa. En estos días, la foto de Serena Williams en bikini le dio la vuelta al mundo por la celulitis en sus nalgas y muslos. ¡Imagínense, despedazar a Williams, una de las mejores tenistas del mundo!

 

Ante tanto discrimen, ante tantas presiones sociales ¿es justo que no nos permitamos disfrutar de todos los beneficios de practicar el deporte o la actividad física que nos guste porque no encajamos en el estándar que se ha establecido? ¿Tenemos que encerrarnos hasta que nuestros cuerpos sean aptos para lo sociedad y que, en mi caso, mi figura sea esbeltisima para correr? ¿O debo salir a correr desesperadamente para tratar de perder peso y cuando no vea resultados encerrarme otra vez?

 

No. Corro porque me hace feliz. Así como lo señala el nombre de la revista: Be Plus: Soy más, soy maestra, soy mujer, soy activa, soy escritora, soy intensa, soy lectora, soy corredora… Soy tantas cosas, que mi tamaño de ropa y las libras de más o de menos no formaron parte de esa lista. Soy más que mi talla.

 

Por eso quiero que ustedes sean parte de este viaje de 26 semanas. Quiero que me acompañen, a través de esta columna, semana a semana. Compartiré cómo se entrena para poder correr tantas millas sin rendirse. Les hablaré de mis tropiezos, las mujeres fuertes que me acompañan, de mi entrenador, del equipo. Aprenderán sobre la jerga de los corredores, la ropa adecuada, los tenis correctos, la nutrición, entre otros temas.

 

Quiero advertirles que estas columnas no son para documentar que ahora soy tamaño 10 o 12 y en octubre seré 4 o 6, pues no sé cuál será el cambio. Son para mostrarles lo que soy ahora. Correr 13, 14, 20 millas semanales es un reto y conlleva mucha disciplina y la alimentación es fundamental, pero cada ser humano es único y es muy importante la supervisión médica y de expertos para poder cruzar la meta de un maratón. No obstante, la transformación de mi cuerpo es solo un aspecto en este proceso tan complejo y enriquecedor. Si lo reduzco solo a eso, estaría limitando mis posibilidades y las de ustedes.

 

De antemano, les digo: no será fácil, pero nada que transforma la vida lo es. Quiero que en las semanas en las que les escriba que estoy cansada, me acuerden esta primera columna; quiero ver sus fotos trotando por sus casas, caminando por el parque o haciendo eso que no se han atrevido a hacer por el que dirán. Quiero que me hagan preguntas. Quiero influenciarlas a ser más; quiero que me influencien a mí a serlo. Son las 9 de la mañana y acabo de culminar mi primera semana de entrenamiento en la que corrí 14 millas, y quiero despedirme de ustedes con una cita  de Sigfredo Rodríguez, mi entrenador:

 

“El camino al éxito tiene curvas”.

 

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