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Otra gran frase es: “no existe una segunda oportunidad para causar una primera impresión” ¿Es realmente así o hay algo más allá que la primera impresión? Según los psicólogos sociales, al encontrarnos con otra persona hay un período crítico de (los primeros) 5 minutos donde las impresiones que se formen durante ese tiempo persisten y se refuerzan. Normalmente no necesitamos tanto tiempo, hay experimentos que insinúan que con dos décimas de segundo delante de ella es suficiente para formar una primera impresión y que se mantendrá con el tiempo. Otros estudios no se atreven tanto y apuntan a que esa impresión es entre 7 y 30 segundos del encuentro. La primera impresión es un juicio rápido que hacemos de una persona (o situación) la cual tenemos delante. Atribuimos inconscientemente rasgos estables de la personalidad del otro en base a pequeños elementos y se activa automáticamente, por eso no podemos evitarla. Lo que sí se puede hacer, es intentar modificarla. Asimismo esas señales, que ayudan a develar al otro y a nosotros mismos, en realidad son un tanto ambiguas y no siempre se relacionan lógicamente con aquellas atribuciones o juicios. Pero estas representaciones son sólo un modelo a tener en cuenta y nos sirven como patrón de comparación.

 

 

Como seres humanos nos relacionamos con cientos de otros seres humanos a lo largo de nuestra vida y esas experiencias, más los filmes, los libros y otras experiencias de otras personas que se nos transmiten, se forma una representación de los diferentes tipos de individuos que hay en el mundo. Y así se da un “juego” de impresiones mutuas y recíprocas. Porque así como alguien nos da una impresión de él, nosotros le damos una impresión. Y eso lo refleja nuestra imagen personal. Que no es sólo nuestra apariencia física o la vestimenta, sino que también la hacen nuestra actitud, la postura, los rasgos, la manera de caminar, de movernos, los gestos, el tono de voz, pues bien, nuestra comunicación verbal y no verbal, consciente e inconsciente.  Ella es un fiel reflejo de cómo queremos presentarnos y relacionarnos con el mundo que nos rodea. Será distinto si nos vemos y sentimos mal, a si nos vemos y sentimos bien (por ejemplo). Es importante cuidar de ella, no sólo por un sentido estético sino porque habla de nosotros como persona, sin decir palabra transmitimos datos y proyectamos nuestra personalidad a través de lo que ofrecemos al exterior como Imagen Personal. También es importante mantener una coherencia entre 4 canales de información, que utilizaremos para transmitir el mensaje que queremos enviar: apariencia exterior, tono y modulación de la voz, gestos e indumentaria. Si alguno de estos elemento no armoniza con el resto pone al otro en una posición confusa, no sabe si creer en lo que ve o en lo que escucha.

   

La clave para transmitir una buena imagen personal es estar a gusto y seguro con uno mismo. A partir de ahí, lo demás decanta solo. La “buena presencia”, ser y sentirse agradable a la vista de uno y de los demás, hace a las personas más seguras de sí, lo cual mejora su alrededor. Un “buen aspecto” empieza de adentro hacia afuera. Siempre recalco lo mismo, pero es simplemente para que quede claro que si nos sentimos radiantes eso es lo que vamos a transmitir y seguramente eso es lo que se notará. Si bien los tips ayudan, “saber” que ponerse y demás también, el cómo lo llevamos hace la diferencia. Nosotros nos hacemos a nosotros mismos y no es sólo una frase de autoayuda. La imagen personal tiene un alto contenido físico y estético y sub, porque las impresiones son percepciones, pero no tenemos sólo el sentido de la vista. Nuestro ser no lo determina sólo la opinión, pero si la influye. El otro nos marca pautas y patrones sociales, como nos vemos y como nos ven nos influye, pero somos nosotros los que decidimos como será esa influencia, al principio (lamentablemente) inconsciente y luego (por suerte) consciente. Somos seres sociales, y estamos atravesados por la sociedad. Lo bueno de ello es que nosotros creamos las impresiones, la realidad y la cultura (entre otras cosas) y lo que hoy pueda ser el paradigma reinante, mañana un paradigma obsoleto. Como actores y constructores, construyamos.

 

 

El secreto para crear una buena primera impresión y una buena imagen personal es ser uno mismo, suena trillado y hasta sacado de manuales de autoayuda, pero es lo que hay que hacer. Hay que ser frescos y auténticos. Hay que relajarse y disfrutar de la armonía de nuestro cuerpo, nuestro lenguaje y nuestros cerebros. Ser conscientes de la existencia de las representaciones propias y ajenas y de todos los estereotipos que pueden acarrear en un gran paso para mantenernos en una relación abierta con el mundo y nosotros mismos. Aceptar nuestra humanidad y la diversidad que hay es otro gran paso para transmitir nuestra imagen personal (y propia).

 

¡Hasta la próxima!

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